¿Cuándo fue la última vez que un anuncio capturó tu atención por las palabras con las que describió lo que ofrecía? No importa el medio: imágenes o videos llamativos te hacen detenerte, pero son los textos los que te hacen quedarte a averiguar qué hay para ti.

El copywriting es la redacción de un texto enfocada a la venta, con el fin de motivar a los clientes para que realicen una acción específica (comprar, suscribirse, participar, etc.). ¿Suena interesante, verdad?

No es describir por describir, es atraer, emocionar, seducir con las palabras para que tus potenciales clientes deseen lo que tienes para ofrecer. Una ciencia y a la vez un arte.

Y es que la comunicación efectiva siempre será una de las mejores herramientas del marketing, solo debes agregarle un toque de creatividad y lograrás llamar la atención de los consumidores para luego motivarles a seguir contigo.

¿No estás vendiendo como te gustaría? Tal vez algo está mal en tus textos. Con el arte del copywriting puedes incrementar tus ventas, solo necesitas ser directo, estratégico y persuasivo (persuasión no es manipulación, tema para otro blog).

Y la buena noticia es que no es nada del otro mundo. Acá hay unos consejos super básicos y muy efectivos:

 

¿Cómo incentivar a que te compren? Puntos importantes para aprender a vender a través de las palabras

 

1. Identificar el problema.

Nadie compra nada si no es para resolver algo. Aliviar un dolor, u obtener placer. El primer punto es entender el problema que los clientes quisieran solucionar, que identifiques a tu público meta y recopilar información sobre ellos.

Debes expresarte de forma que los clientes se sientan muy identificados con lo que dices y que realmente entiendes lo que ellos sienten o necesitan. Eso es lo que buscan en las primeras 2 líneas o 2 segundos de tu anuncio: si lo que se está ofreciendo es para ellos.

2. Mostrar consecuencias.

¿Qué tiene que perder un cliente que decide no solucionar su problema ahora? ¿Cómo le hará sentir mantenerse estancado en la misma situación? Por ejemplo: “No dormir bien te hace menos productivo, disminuye tu rendimiento y perjudica tu salud”.

El punto no es hacer sentir mal a nadie, se trata de agitar el problema dentro de ellos para que finalmente vean la luz o solución a su problema a través de lo que puedas ofrecerle. Esto nos lleva al tercer punto.

3. Mostrarle la solución.

¡La mejor parte para el cliente! En este punto vas a ofrecer tu producto como el remedio a su problema, pero recuerda que debes vender una solución, no un producto. Compramos beneficios más que características.

Si no me crees, pregúntale a Steve Jobs cuántos iPods podrían haber vendido si hubiera centrado su presentación en cuántos MB tenía ese primer iPod. En vez de eso, lo mantuvo simple, tangible y directo: “Toda tu música favorita en tu bolsillo”.

Si has crecido con los smartphones pueda que esto no signifique gran cosa para ti, pero pregúntale a alguien que tenía que andar cargando 10, 20, 50 CD’s o cassettes en su mochila para escuchar su música favorita a donde fuera. ¡Nada cómodo!

Por eso, es vital hacerlo de una forma que sea fácil de entender, muestra lo que vendes como la mejor de las opciones y lo que hace que sea diferente a tu competencia.

Diles los beneficios del producto conectando con sus deseos y emociones, haz que puedan imaginar cómo cambiará o será su vida: “mejora tu salud”, “duerme mejor”, “luce un cabello de revista”…

 

¡Usa las herramientas disponibles para ayudar a tu negocio a crecer! Resalta el valor de tus productos y motiva a los clientes para adquirirlos con la magia de las palabras.

Guía a tus clientes, enamora con las palabras necesarias y haz que crezca tu negocio.

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